El intento de llegar al final

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Ayer en un concierto veraniego, entre acordes arrastrados, el guitarrista se apresuró a coger el micro en tono de amenaza con un “voy a hacer de cantante”. Hacer de terapeuta, coach, consultora…me da risa la etiqueta, pues pareciera que uno cobra una importancia personal al adherirse a alguna de ellas. Me costaba definir cuál era mi etiqueta pegajosa pues no es más que una raya más para el tigre invirtiendo en un rugido mejor. De aquellos de los que yo aprendí y aprendo cada día, sería absurdo catalogarlos en alguna de éstas. Ellos eran y Son, te llevan por resonancia. AMOR

Si nos diéramos cuenta de las veces que llegamos a conclusiones precipitadas y generadas desde un pasado que ya no es, nos abriríamos a un mundo infinito de posibilidades.

“Al final, todos los hombres o las mujeres, son iguales. Al final, siempre tropiezo con lo mismo. Al final, todo se irá al traste o saldrá bien”

Al final del día, si hacemos recuento, podremos haber elaborado un sinfín de conjeturas sobre los temas más cotidianos, o asuntos más elevados. Una secuencia y una lógica lineal a la que responde esta configuración de pensamiento basada en una experiencia por remota o inmediata que sea. La linealidad nos estaría garantizando un marco de seguridad porque podemos ubicarnos en las coordenadas de espacio- tiempo. Esa línea recta, para ir de A a B, nos sitúa en un no existir. Nuestra versión del pasado, nuestra expectativa de futuro y nuestros antepasados (el linaje familiar) determinan y condicionan nuestra percepción y nuestro momento actual si así lo creemos. El ideal que tenemos de ese futuro prometedor no se corresponde con lo que habíamos proyectado en la mayoría de las veces, abandonándonos en un estado de resentimiento, rabia, culpa… por no estar a la altura de las circunstancias. Si uno deja de anhelar ese futuro, el camino se ensancha y lo improbable se deja caer en el tablero de juego. Pensamos y nos distinguimos así de los animales, y si damos rienda suelta al cerebro más primitivo, estaremos rescatando ese instinto de supervivencia renunciando a vivir como creadores que Somos. De uno depende. El terapeuta cataliza y guía dando luz en los momentos en los que no se ve el final del túnel, pero el trabajo es personal e individual. Quedarse enganchado a un terapeuta o a alguien a quien concedamos esa autoridad, nos mantendría estancados. No hay deuda que saldar.

Podemos sentir el flujo entonces y cómo navegamos surcando las olas desde esa parte más confinada, hacia el campo vasto e infinito de apertura. Salir de la constricción y traspasar esos límites. Requiere valor y coraje. ¡El mundo está hecho para los valientes!

 

Un lienzo en blanco nos permite volcar todo el subconsciente para hacernos partícipe de ese movimiento entre el consciente y el inconsciente. Si es tristeza la que está confiscada junto al tesoro que nuestro pirata ha saqueado, el océano nos devolverá cierta melancolía en un vaivén de olas que acaricia la arena con timidez, o por el contrario, se percibirá una quietud que ninguna práctica nos da acceso, pues el corsario está vigilante en las puertas de nuestro Paraíso. Jugar el papel que hemos elegido en esta vida con impecabilidad, será otra fórmula para adentrarnos en este mundo y dejar de huir de aquello que nos aterra.

 

Al final, se trataría de dejar de hacer de mí misma, de ti misma y sólo Ser. Dejar de intentar algo que sólo garantiza el fracaso. En el intento de hacer algo, se sabe de antemano que no dará el fruto deseado. Si uno intenta
dejar de fumar se asegura la recaída. Se deja de fumar. La planta no
intenta ser una planta. Simplemente lo es. Que el Intento en adelante sea aquel del que hablan los chamánicos. Castaneda guiado por Don Juan
sostiene que el Espíritu, al que llaman INTENTO será quien guíe tus pasos.

María Eiwa

María Eiwa

Terapeuta transpersonal, coaching artístico & emocional, constelaciones familiares, eneagrama.

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